Vico
asegura --y es su novum, y da no poco juego-- que para el hombre
sólo es verdadero lo que el hombre mismo hizo y hace: su historia,
su cultura, su humano mundillo, sus cositas (no así la naturaleza,
porque ajena, divina, resulta ser su fábrica). Ahora bien, si eso
vale para el hombre, con mejor razón será cierto para un
hombre. O más fuerte: no será verdadero para un hombre lo
que los hombres hacen o hicieron sin su presencia ni permiso. O lo será
(verdadero) tan solo en lo que un hombre tiene de indiferente y de común,
de compartido con su género, de propenso al sentido. Y peor: menos
verdadero todavía el sedimento anónimo que el ajetreo del
hombre deposita, pues en rigor eso no es factum (y, por tanto, no
verum), eso viene del fieri, no del facere, no depende
del hacer sino de un impersonal
ser o venir hecho.
Si hay que creer hasta el final el verum ipsum factum, entonces
nada más cierto y firme que el delirio del triste caballero.
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